El disco es cultura.

MAIN ARRIA

Textos y fotos: Sergio Alférez G.

Llegamos a eso de las 5 de la tarde a un corredor comercial en el centro de Bogotá el 26 de diciembre. Es uno de esos corredores comerciales donde se encuentran desde zapateros hasta cabinas, sex shops y tatuajes.   Bogotá está hermosamente sola y nos dirijimos a una pequeña tienda de discos en el segundo piso.  En la tienda, varios hombres se turnan poniendo discos de salsa.  Es una reunión de coleccionistas que se encuentran periódicamente para compartir sus joyas; en esta ocasión la temática es salsa colombiana.

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Entre ellos se saludan como viejos amigos y en un comienzo sentí como si  estuviera invadiendo terreno privado.   Los temas son excelentes.  Hay todo un universo de discos perdidos en la obscuridad y es increíble la calidad y veneno que tuvo la música que se hizo acá durante un tiempo.

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Es una reunión de nerds.  Tratando de sorprenderse entre ellos con lo que cada uno coloca, comparten no solo la música sino la información que saben sobre sus creadores.  Se pasan las carátulas para ver quiénes participaron en la producción.  Crean lazos cruzando la información y nombres que encuentran en los discos, armando una historia musical pasada que mantienen viva en estas reuniones y colecciones.

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Como en una cena gourmet salsera, cada tema es un plato que se acompaña con cervezas y rondas de ron cubano.  El ambiente y las lenguas se sueltan; hay un microclima en el local.  Bogotá está oscura, fría y sola pero en este local hace calor, la música es excelente, el licor hace su efecto; es un secreto en la ciudad y es una fortuna estar presente.

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Son generaciones de personas en cuyos rostros y apariencias se ve una historia.  De alguna forma se siente como una reunión de solitarios y la música los une. Incomprendidos.  Como alcohólicos anónimos.  No hace falta un público, ni un sitio glamuroso, ni hordas de mujeres que vuelvan de la ocasión una fiesta.

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Aún así es una celebración.  Hay algo especial en ver un grupo de personas apasionados por la música compartiendo.  Aunque se siente algo de competición entre ellos es amable, sana y enérgica.  Así suene gay hay amor en el ambiente.  Mucha felicidad.  Puede ser el alcohol, puede ser la música pero así se siente ver personas compartiendo lo que aman.  Compartiendo salsa vieja colombiana, salsa maleante, con bajos cómplices de pianos y vientos que crean esa imagen romántica de los 60s, y 70s latina, de calles de avispados, gente con tumbao, mujeres sensuales y baile pillo.

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El licor es un participante que hace parte de todos. La música no para, el centro comercial está vacío y oscuro pero la “fiesta” está viva.  Oímos los temas, vemos las carátulas y escuchamos anécdotas e historias; educación de la buena.  Una mujer nos ha acompañado toda la tarde y a estas alturas unos nos aventuramos a bailar con ella. Cerca a las diez de la noche va siendo hora de terminar.

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Entre abrazos y sonrisas todos se van despidiendo, recogen sus discos y se avisan hasta la próxima.  Diferentes edades, generaciones y procedencias se reunieron a compartir música caleta.  Buena salsa compilada por personas que se dedican de manera meticulosa, apasionada y obsesiva a buscar esos discos.  Es simpático ver esa inscripción en la parte trasera de las carátulas: “el disco es cultura”.  Es como un grito de guerra, una lucha que los coleccionistas mantienen.

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2 Comments

  1. Amigo Sergio muchas gracias por esas imágenes y palabras eso nos da ánimos para no dejar morir esta aficion por la musica , carátulas y vinilos saludos

    • volketa wrote:

      A ustedes Javier por permitirme estar ahi! Nada como la compañía de buena música!

Leave a Reply for Name javier navarrete*